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martes, 28 de septiembre de 2010

Crónica

Sentimiento electoral

La mañana del domingo 26 de septiembre fue diferente para los venezolanos. Aunque ya hemos pasado por 12 elecciones en un período de once años, éstas fueron especiales, ¡claro! Y es que actualmente en Venezuela todo se relaciona con la política.

A las 10:30 de la mañana llegué al centro de votación ubicado en el Instituto Técnico Agroindustrial (IUT).‘Esto será rápido’ -pensé-como en ocasiones anteriores. Pero al llegar a la puerta, las personas no sabían en cuál mesa debían votar. Sí, yo fui otra víctima.

Era bastante fácil saberlo. La hoja con la cédula de los votantes tenía una marca de agua grande, que señalaba el número de la mesa. Esa estrategia definitivamente no pensó en las personas despistadas. Pese a este pequeño incidente toda la comunidad de votantes estaba animada, ansiosa por participar.

Un aproximado de 120 personas se encontraba esperando su turno. Los ancianos, embarazadas y personas con discapacidad entraban a votar primero, y que grato es saber que a pesar de sus dificultades, para ellos es importante cumplir su derecho al voto, aunque eso implicara quedarme más tiempo del deseado.

Cinco personas de la mesa uno, cinco de la mesa dos, cinco de la tres… llamaba un militar para pasar y votar. De cinco en cinco y no llegaba mi turno. En este tiempo, observé a la gente hablando, debatiendo, casi preocupados por el rumbo que tomaría el país después de conocer los resultados. Sin embargo, la máxima preocupación era votar y no equivocarse.

Es que este sistema automatizado de votación-uno de los más avanzados en el mundo- no termina de ajustarse al venezolano promedio. “las máquinas son complicadas” decía un señor. ¿Complicadas? Para nada, volví a pensar.

Después de una hora de espera, por fin llegó mi turno. Después de entrar, el proceso fue bastante rápido. Si me tardé fue porque quise que en los primeros dos pasos de la llamada “herradura” me explicaran cómo votar. En el fondo no quería equivocarme.

Un señor mayor no disimuló su enfado al no saber cómo votar. Frente a la máquina, no sabía qué hacer. Seis minutos era el tiempo justo para realizar el voto, revisar y esperar el bendito papelito. Sin querer acercarse los miembros de mesa lo ayudaron. Sentí ganas de ayudarlostambién. Espero que su voto haya sido válido.

Estoy votando y soy responsable de ello, de lo que suceda en los próximos cinco años en el estado Táchira, si el candidato que elegí llega a ganar. ‘más le vale que lo haga bien’ medité.

Mis pensamientos eran compartidos por unos 17 millones de ciudadanos habilitados para ejercer su derecho al voto. No es un juego, y la mayoría de los venezolanos esta vez lo entendieron.

Porque la gran mayoría salió a votar, demostrando de manera cívica y pacífica que sí le importa el país. Porque están conscientes de que la política es parte esencial en el sistema venezolano. Porque sean blancos, rojos o azules, todos tienen derecho de opinar, de expresarse y de ser con orgullo venezolanos.